sábado, 19 de noviembre de 2016

Cajas-nido en los árboles de mi jardín

Un refugio para los pajarillos en invierno
 y un chalecito para anidar en primavera

El carbonero común es un pajarito insectívoro de nombre científico Parus major que en Mallorca llamamos ferrerico. Se trata de una de las pocas aves capaces de alimentarse de las urticantes orugas de la procesionaria del pino y también una de las que más agradecen la ayuda de las cajas-nido que podamos instalar en el bosque o en nuestro propio jardín.

 Hace varias semanas compré estos tres nidos para periquitos y diamantes australianos con la intención de instalarlos en mi jardín para que sirvan de refugio en invierno y luego nido de cría en primavera a los pajarillos silvestres que visitan los frutales de mi jardín. No me parecieron caros a sólo 3 euros la unidad.

 Para protegerlos de la lluvia y mantenerlos secos  les he añadido un techo de hule imitación madera. Cada caja cuenta con medio techo levadizo donde he clavado un clavo que facilitará la abertura para inspeccionar el contenido y/o limpiar el nido tras la temporada de cría.

 Entrada de una de las cajas-nido con un palito que sirve de posadero. La entrada al nido mide 4 centímetros de diámetro.

 Parte posterior donde he clavado varios ganchos metálicos que facilitarán su fijación en el tronco o rama del árbol..

 Primera caja-nido fijada al tronco de un piño canario, Pinus canariensis, de 14 años de edad, que conseguí a partir de un piñón cogido en lo alto del Pico del Teide.

Segunda caja-nido fijada al tronco y apoyada sobre una rama de un Pino de Norfolk, Araucaria heterophylla, conífera endémica de la isla australiana del mismo nombre, que compré a finales de septiembre del año 1985. En Mallorca lo llamamos "arbre de pisos" por su curioso crecimiento a razón de un piso de ramas cada año. Cuando lo compré medía 70 cms. y tenía 9 pisos. Así pues después de 31 años cuenta en la actualidad con 40 años de edad y mide unos 5 metros de altura. En la imagen se ven tres pisos de ramas, que se corresponden con otros tantos años.

 Tercera caja-nido fijada sobre un aguacate, Persea americana, de unos 15 años de edad. Nació de una semilla extraida de un fruto que compré en un comercio. Hace 8 años lo injerté por el método de Corona bajo bolsa de plástico con dos estaquitas de un aguacate Hass y desde entonces cada año me da una gran cosecha de frutos deliciosos. En la imagen se aprecia bien el punto del doble injerto sobre el tallo principal.

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Edito esta entrada cinco días después para añadir las cuatro cajas-nido adicionales que he colocado en el jardín. Éstas tienen el agujero de entrada de sólo 3 centímetros. Con las anteriores suman en total siete cajas-nido. A ver si hay suerte y alguna pareja de pajarillos se anima a criar en ellas.

 He situado la cuarta caja-nido sobre un aladierno, Rhamnus alaternus, que nació de una semilla defecada por un ave hace 26 años. Lo dejé crecer sin eliminarlo porque estaba en un sitio que no molestaba. A lo largo de estos años se ha convertido en un árbol bellísimo. Es macho y no produce semillas.

 Por su situación en un rincón muy tranquilo esta caja-nido tiene muchas probabilidades de llegar a estar habitada.

 Este oscuro tronco de un Quercus cerrioides de 34 años de edad, que sembré de una bellota en el año 1982, se me ha antojado un buen lugar para situar la quinta caja-nido.

 La tupida maraña de ramillas de este ciprés, Cupressus sempervirens, de 15 años de edad, va a albergar la sexta caja-nido. Es la que ha quedado mejor camuflada.

 Y por último aquí tenéis a la séptima y última caja-nido que he situado sobre esta rama de un zapote blanco de México, Casimiroa edulis, de 23 años de edad, que adquirí en un vivero de Sóller. Se trata de un cultivar de frutos sin semillas seleccionado en Israel para que soporte el clima traicionero del Mediterráneo.

La rama casi horizontal del zapote blanco será una estupenda plataforma de aterrizaje para las avecillas que lo escojan como su hogar.

 Y tras el "arduo trabajo" me he zampado una ración de Chop Suey de cerdo con chayote mexicano, pimiento rojo, zanahorias, cebolletas, un trozo de rizoma de jengibre, tres ajos, aceite de girasol, un chorrito de aceite de sésamo, vinagre de manzana, salsa de soja y pimienta blanca en polvo. ¡¡¡Delicioso!!!

  

domingo, 13 de noviembre de 2016

Juglans nigra, el nogal negro norteamericano

En el otoño del año 1988, hace ahora 28 años, fui de viaje con unos amigos al País Vasco y el sur de Francia. En los jardines de la Plaza de España de la ciudad alavesa de Vitoria pudimos admirar los fantásticos árboles monumentales que embellecían el lugar, entre los cuales recuerdo especialmente una Sequoya gigantesca y un Nogal negro norteamericano, ambos con numerosas semillas en el suelo bajo sus copas. Entonces todavía no tenía mi huerto-jardín y me dedicaba a los bonsais. Nunca antes había visto estos dos árboles y la verdad es que quedé fascinado. Por supuesto no pude resistir la tentación de recoger unas cuantas semillas de la sequoia y tres o cuatro nueces del nogal. Ya en Mallorca las sembré en macetas individuales, pero al final sólo germinó una nuez.

Nueces de mi Nogal negro recogidas del suelo bajo la copa del árbol a mediados de noviembre.

El nombre del género Juglans procede de la unión de dos palabras latinas:  
 iuppiter, jovis = el dios Júpiter y glans, glandis = bellota, o sea, Jovis+glans ---> Juglans.

 El nombre de la especie, nigra, viene del adjetivo también latino nigra, nigrae = negra.

Así pues Juglans nigra se podría traducir como Bellota negra del dios Júpiter.

Mi nogal negro norteamericano en otoño del año 2004 con 16 años de edad. Al igual que el ginkgo, cuando en octubre los días se acortan y bajan las temperaturas, el nogal reabsorbe los nutrientes de las hojas (clorófila, azúcares, proteinas y minerales) y los almacena en las raíces, con la intención de que le sirvan para iniciar con fuerza y éxito la siguiente brotación primaveral. Al dejarlas prácticamente reducidas a una carcasa vacía de celulosa, pierden el color verde y adquieren un bellísimo color amarillo-oro, hasta su caída unas semanas más tarde.

Cuando en 1989 compré el huerto de naranjos, limoneros y mandarinos, que con los años acabaría transformando en el jardín que desde niño siempre había soñado tener, sembré en tierra todos los bonsais de mi colección para que pudieran crecer libres y felices, repartidos por las diferentes terrazas de la falda de la montaña. Todos ellos ahora son árboles monumentales: un abeto de Ronda, un cedro del Atlas, un cedro del Líbano, un fresno de hojas estrechas, un árbol de Júpiter, dos pistachos, un brachychiton australiano, un boj balear, un boj del valle del Roncal, dos encinas de bellota dulce, seis robles cerrioides, un pino de Norfolk, una casuarina australiana, un árbol del amor, un árbol del Coral sudafricano, una robinia de flores rosadas y un haya, un abeto blanco, un tilo y un avellano del Pirineo francés.

 
Mismo nogal negro norteamericano fotografiado a mediados de noviembre de 2016 con 30 años de edad. Acababa de tirar todas las nueces y un tercio de las hojas.

 Hojas otoñales de Juglans nigra.

 Su color amarillo-oro es espectacular.

Al igual que todos los árboles de la familia Juglandaceae, tanto las hojas, como los frutos, las raíces y la madera del nogal negro son ricos en una sustancia llamada JUGLONA, muy tóxica para las demás plantas, frenando o incluso impidiendo el crecimiento de cualquier otra planta cerca de un nogal. Sólo los arces, abedules y hayas son resistentes a este veneno. Desde hace más de mil años los agricultores conocen este efecto "alelopático" de los nogales y evitan sembrar cereales y otras hortalizas cerca de uno de estos árboles. Por propia experiencia puedo confirmar este efecto tóxico sobre tres árboles que sembré a unos metros de mi nogal negro. Dos de ellos acabaron muriendo: una acacia Leucaena leucocephala y una Thuja orientalis, y el tercero, un pistacho hembra, no consigue prosperar y seguramente acabará muriendo. 

Tronco de mi nogal negro con su corteza grisácea, rugosa y profundamente agrietada.

Los nogales son árboles monoicos, con flores masculinas y femeninas sobre el mismo árbol aunque separadas entre si. En la imagen podemos ver las flores masculinas en forma de largos amentos verde-amarillentos cargados de polen, que el viento transporta hasta las flores femeninas, lo que en botánica recibe el nombre de polinización anemófila, o sea, a través del viento.

Las flores femeninas de los nogales son muy simples, pues carecen de pétalos y están formadas por un ovario globoso de superficie aterciopelada acabado en un pistilo rodeado por dos bracteolas muy pequeñas y soldadas al receptáculo y cuatro sépalos también muy pequeños y soldados entre sí salvo en su extremo distal cercano a los dos estigmas. En la imagen estas bracteolas y sépalos no se aprecian dado su pequeñísimo tamaño. Los dos grandes estigmas receptores del polen se abren a modo de plumeros en el extremo de la flor femenina. Para asegurarse la captación de al menos dos granos de polen, suficientes para fecundar los dos carpelos del ovario, los estigmas tienen una superficie muy rugosa y pelosa, lo cual aumenta sobremanera el área receptiva del polen. De ahí que muy raramente las flores femeninas de los nogales se quedan hueras sin fecundar.

Las nueces del nogal negro suelen crecer emparejadas de a dos, aunque también pueden hacerlo solitarias.

Suelen madurar a mediados de octubre y si no son recolectadas caen al suelo bajo la copa del árbol a principios de noviembre.

Nueces maduras en noviembre.

Los frutos del nogal negro norteamericano están rodeados por una cáscara o exocarpio verde-amarillento que se seca rápidamente, se vuelve negra y adquiere la consistencia del cartón. Contiene una gran concentración de taninos y pigmentos marrón-amarillentos, que tiñen intensamente los dedos al pelar las nueces. Estos pigmentos y el tanino que actua como fijador del color fueron utilizados por los indios americanos para teñirse el pelo y para curtir y colorear las pieles de sus vestidos.

La semilla o nuez comestible, es decir, el endocarpio, está rodeada por una gruesa cáscara leñosa de consistencia pétrea, que precisa golpear las nueces con mucha fuerza para cascarlas. Son un alimento fantástico muy ricas en grasas insaturadas y proteinas.

Mismo nogal negro norteamericano brotando y floreciendo a principios de mayo del año 2017.

El nogal negro crece de forma natural en el este de Norteamérica, donde también es ampliamente cultivado para el aprovechamiento de su madera y sus frutos. En el año 1629 fue introducido en Europa como árbol ornamental, siendo posteriormente cultivado en plantaciones forestales por su madera densa, dura y resistente, considerada de excelente calidad y utilizada sobretodo en ebanistería. También se cultiva en Sudamérica y en Asia Oriental.