domingo, 30 de septiembre de 2012

Psidium cattleianum, el guayabo-fresa o arazá.

 Le gusta asilvestrarse y conquistar nuevos territorios.

Arazá, guayabo-fresa, strawberry guava, guayaba china, son los nombres que recibe este arbusto americano de la familia de las Myrtaceae, originario del Brasil y Uruguay, donde puede vivir desde el nivel del mar hasta 900 msnm. Hay dos variedades, la de frutos amarillos y la de frutos rojos que es la más cultivada en todas las zonas del mundo con un clima subtropical o mediterráneo suave con escasas heladas. Se ha naturalizado en China donde es muy cultivada, recibiendo por ello el nombre erróneo de guayaba china. En Hawai ha encontrado un clima ideal y se ha asilvestrado ayudada por las aves, convirtiéndose en una planta invasora muy difícil de erradicar.

 
Frutos maduros de guayabo-fresa. (Recomiendo ampliar las fotos con un doble click).

 Psidium cattleianum de 10 años de edad y 1´5 metros de altura cargado de frutos a principios de octubre.

Como ocurre en muchos frutales tropicales y subtropicales las hojas del Psidium cattleianum, para protegerse del frio y de las peligrosas heladas del invierno mediterráneo, sintetizan antocianos y se tiñen de rojo-morado al bajar la temperatura en otoño. De esta manera absorben los rayos solares y se calientan varios grados por encima del aire circundante evitando así la congelación. Para entenderlo mejor viene a ser lo mismo que ocurre cuando depositamos una moneda sobre la nieve, la cual se va hundiendo poco a poco al fundirse la nieve que hay justo debajo de ella. Las lagartijas, las tortugas, las serpientes, todas ellas de colores más o menos oscuros, calientan su sangre reptiliana tomando el sol. La naturaleza se sabe todos los trucos para ayudar a sobrevivir a sus hijos.

Bellísimas hojas de guayabo-fresa en marzo. Al ir subiendo la temperatura con la entrada de la primavera las hojas van perdiendo poco a poco los antocianos y se vuelven otra vez verdes.

En abril las hojas viejas ya están completamente verdes, mientras que las nuevas brotan teñidas de antocianos como prevención de un helada tardía. La naturaleza lo tiene todo previsto.

Primeras flores muy perfumadas de guayabo-fresa a principios de junio. Las hojas de este arbusto son coriáceas y lustrosas, lo cual le confiere un gran atractivo como planta de jardín.

Frutos de Psidium cattleianum iniciando la maduración a mediados de septiembre.

Frutos maduros de guayabo-fresa a finales de septiembre. Los frutos van madurando escalonadamente a lo largo de cuatro o cinco semanas, a veces hasta bien entrado el otoño.

Primeras guayabas-fresa del año 2012, recolectadas el día 30 de septiembre. Algunos años se adelanta o retrasa una semana el inicio de la maduración de los frutos, pero en general suelo comer las primeras guayabas en la última semana de septiembre.

Dos de las guayabas-fresa anteriores partidas por la mitad en sentido longitudinal y transversal.

Otra guayaba-fresa mostrando su fina piel roja, la pulpa blanca y las semillas.

Detalle de la pulpa blanca, dulce y jugosa con un delicioso punto ácido por su gran riqueza en ácido ascórbico (vitamina C), que le confiere un sabor afrutado y refrescante que recuerda a las fresas, de ahí el acertado nombre de guayaba-fresa.

Semillas de Psidium cattleianum rodeadas por un arilo translúcido que las separa de la pulpa. Las aves son muy aficionadas a estos frutos. Al consumirlos se tragan las semillas que son escarificadas por los jugos digestivos y, al defecar lejos de la planta madre, las dispersan con la cutícula escarificada, es decir, permeabilizada a la humedad de la tierra, de manera que el embrión de la semilla se hidrata enseguida y en pocos dias germina, acompañada y ayudada por un poco de abono natural de la deyección del ave. Así se entiende la facilidad de este arbusto para asilvestrarse y convertirse en una plaga.

Los frutos macerados en alcohol producen el licor de arazá de un apetitoso color rosado, ideal para beber como chupito. Con su pulpa sin semillas se puede preparar una deliciosa mermelada, helados, granizados y pasteles.

Yo me las suelo comer directamente del árbol o en ensalada de frutas otoñales, como en estas tres recetas que les muestro a continuación:

Frutos de Otoño en almibar de Hierbaluísa.

Sobre la base de dos rodajas de pomelo Duncan he colocado frutos de madroño, Arbutus unedo, trozos de guayaba de pulpa blanca, Psidium guajava y una guayaba-fresa también a trozos, Psidium cattleianum, todo ello regado con un almibar a base de zumo de pomelo, hojas de hierbaluísa, Lippia citriodora y azucar.

Ensalada de Otoño "Ave del Paraíso".

Les presento este postre de frutos otoñales que es una verdadera orgía de sabores, colores y aromas, muy rico en vitaminas y antioxidantes. Está elaborado con los gajos despepitados de una clementina, tres guayabas-fresa partidas por la mitad, los granos de una granada y varias guayabas de pulpa anaranjada también partidas por la mitad, todo ello regado con el zumo de una naranja.

 Ensalada de Otoño "El bocado con mueca".

 En este otro postre de frutos de Otoño he combinado la pulpa de higochumbos de Opuntia linguiformis de un intenso color granate, con  guayabas comunes de pulpa anaranjada y guayabas-fresa, todas ellas partidas por la mitad y regadas con el zumo de dos clementinas. El comensal al comer esta ensalada no puede evitar hacer muecas, ya que los frutos de esta chumbera son intensamente ácidos, lo que acaba provocando la risa de todos los invitados a la mesa.



domingo, 23 de septiembre de 2012

Tetraclinis articulata, un tesoro de Murcia, reliquia del Mioceno tardío.

El Estrecho de Gibraltar la separó de sus hermanas africanas.

La Sabina mora, Araar, Ciprés de Cartagena, Sandarac, etc... de nombre científico Tetraclinis articulata, es una pequeña conífera de la família de las Cupressaceae de porte generalmente arbustivo, aunque en condiciones muy favorables puede llegar a alcanzar los 16 metros de altura y un grosor de tronco de 1´2 metros. Es la única especie del género Tetraclinis.

 
Diminuto ejemplar recién nacido de Tetraclinis articulata en febrero de 2005. Hace algo más de 7 años un joven de Cartagena visitó la web de mi jardín y buscó alguna foto de este endemismo iberoafricano tan querido por los botánicos murcianos, pero no encontró ninguna. Miró luego en la lista de plantas del jardín y comprobó que no tenía ningún ejemplar de esta bellísima conífera. Algo disgustado me escribió un correo ofreciéndome semillas de Tetraclinis articulata de Cartagena, porque "quiero que tengas una planta endémica de Murcia en tu jardín", me dijo. A los pocos días me llegó un sobre con 4 semillas de Araar cartagenero.

 De las 4 semillas que me mandó aquel muchacho (que si un día lee este artículo quiero que sepa que se lo dedico en agradecimiento a su gesto tan generoso) germinaron 3 plantitas, de las cuales sólo una logró sobrevivir. Ahora con más de 7 años de edad se ha convertido en un arbolito de más de tres metros de altura que crece a gran velocidad y parece sentirse muy a gusto enraizado en la pedregosa y calcárea tierra de Mallorca.

El botánico que le dió el nombre supo resumir en dos palabras femeninas la esencia de su anatomía. El nombre en latín del género Tetraclinis procede de la unión de dos palabras griegas, τετρά y κλινα, que significa cuatro camas o cuatro lechos, por las cuatro escamas cóncavas que forman el estróbilo de sus frutos y recuerdan los antíguos reclinatorios (triclinios) de los romanos. (De κλινη, κλινης = cama proceden algunas palabras actuales de nuestro idioma, como el mismo reclinatorio, reclinar, inclinar, declinar, clínica, clinómetro, triclinio, etc..). El nombre de la especie, articulata, hace referencia a la curiosa disposición de las ramillas como si fueran piezas sueltas unidas o articuladas por sus extremos. 

Ramillas "articuladas" de la Sabina mora.

La distribución actual del Araar en el sudeste de la Península Ibérica (montañas de Cartagena en la província de Murcia), en el norte de África (Marruecos, Argelia, Túnez y Melilla) y pequeñas poblaciones en la isla de Malta y en la isla de Chipre nos habla claramente de su origen miocénico. Como dato curioso en 1997 se descubrió un rodal de Tetraclinis articulata con 24 individuos centenarios en el Parque Nacional de Doñana, concretamente en el Coto del Rey en Hinojos (Huelva), alguna de hasta 16 metros de altura y un perímetro de tronco de 2´62 metros, mucho mayores que las de Cartagena. Dada su avanzada edad, su gran tamaño y la ausencia de indicios de haber sido plantadas por el hombre, se deduce que son naturales, un vestigio de lo que fueron grandes bosques de Tetraclinis antes de la intensa deforestación a manos del hombre. Tetraclinis articulata en Doñana.

 Ciprés de Cartagena de 13 meses de edad en marzo de 2006. Se aprecia muy bien como le van cambiando las hojas a medida que crece. Las primeras, las que visten el tallo, son largas acículas puntiagudas como las de cualquier conífera. En cada nueva brotación se van haciendo más cortas hasta prácticamente desaparecer en su fase adulta, como se ve en las ramillas articuladas de la foto anterior. El árbol realiza la fotosíntesis directamente en las ramillas verdes. Estas dos fases en la foliación, con un follaje juvenil y un follaje adulto, son típicas de las coníferas de la família de las Cupressaceae: sabinas, enebros, cipreses, tuyas, chamaecyparis, platycladus...

El mar Mediterráneo, descendiente directo del primitivo mar de Tetis, se secó casi completamente hace unos siete millones de años durante la gran crisis salina del Messiniense del Mioceno tardío que duró aproximadamente un millón de años, durante los cuales el agua marina se evaporó y sus sales se depositaron sobre la arena reseca, transformando en valles desérticos sin vida lo que antes había sido un rico fondo marino. La causa de esta desertización fue un súbito cambio climático que enfrió mucho la Tierra e hizo que se acumulase el agua dulce en forma de hielo sobre la Antártida, cubriéndola de una gruesa capa de agua congelada de varios kilómetros de grosor, lo que ocasionó una disminución importante de las lluvias en todo el planeta y por supuesto también en el Mediterráneo y un descenso del nivel de los océanos de más de 100 metros.

 
Mismo Araar a los 4 años y 9 meses de edad en noviembre de 2009. Llevaba once meses sembrado en su lugar definitivo. Lo sembré exactamente el día 13 de octubre de 2008.

Coincidiendo con este enfriamiento global se produjo un movimiento brusco de la placa tectónica africana, la cual, en su contínuo ascenso hacia el norte desde que se separó del gran continente austral Gondwana, chocó violentamente con la placa tectónica europea y como resultado de esta colisión se elevó el fondo marino, formándose el Macizo Bético-Rifeño que cerró la comunicación entre el Océano Atlántico y el Mar Mediterráneo. La disminución de las lluvias y el cese en la entrada de agua oceánica sumió al Mediterráneo en un proceso de desecación progresiva por simple evaporación y en pocos milenios se transformó en un desierto de arena muy salada con algunos lagos de aguas cáusticas en las partes más bajas, a los que acudían bandadas de flamencos rosados africanos y asiáticos para alimentarse de los pequeños invertebrados y algas halófilas que habitaban en sus aguas salobres.

Límites aproximados del Macizo Bético-Rifeño durante el Mioceno Tardío en plena Crisis salina del Messiniense con lagos muy salados ocupando las zonas más bajas del lecho de la Cuenca Mediterránea. El tamaño de los lagos salobres dependía de las escasas lluvias, llegando a secarse completamente durante algunos milenios. En las cimas de las montañas las lluvias eran algo más generosas que en los profundos valles cuyo suelo arenoso estaba cubierto por una gruesa capa de sal.

Durante este millón de años lo que habían sido islas se convirtieron en montañas y las costas europea y africana se unieron en un todo contínuo sin agua que las separase. Fué entonces cuando muchas plantas y animales europeos, africanos y macaronésicos pudieron expandir sus poblaciones y ocupar toda aquella vasta región. El ciprés de Cartagena, nuestra Tetraclinis articulata, desde su África natal colonizó las montañas del Macizo Bético-Rifeño, asentándose en las vertientes montañosas más cálidas orientadas hacia el sur.

 Distribución actual de las poblaciones autóctonas conocidas de Tetraclinis articulata. En el sudeste español existen pequeñas poblaciones asilvestradas fuera de Murcia, especialmente en Málaga y Alicante, que son producto de antiguas repoblaciones.

Al finalizar el período Messiniense hace unos 6 millones de años la Tierra sufrió un nuevo cambio climático con un calentamiento global que aumentó las lluvias en todo el planeta, fundiéndose una gran parte de los hielos antárticos y elevándose el nivel del agua de los océanos en más de 60 metros. Al mismo tiempo se produjo un nuevo movimiento de las placas tectónicas europea y africana que se separaron y el Macizo Bético-Rifeño se partió en dos formándose un profundo surco, el Estrecho de Gibraltar, que permitió de nuevo la entrada de agua oceánica hacia el mar Mediterráneo, formándose una impresionante cascada de varios kilómetros de caída y un caudal de millones de toneladas de agua por segundo, que llenó rápidamente la Cuenca Mediterránea en tan solo unos 1000 años.

Ciprés de Cartagena anterior a los 7 años y medio de edad en septiembre de 2012 con una altura que supera los 3 metros. Su querencia por la luz solar le hace crecer inclinado hacia el sol del mediodía.

Edito este artículo para mostraros mi Tetraclinis murciano a los 9 años y 9 meses de edad a finales de noviembre de 2014 con una altura que supera los 5 metros. En los últimos tres años ha crecido a un ritmo vertiginoso de aproximadamente 1 metro al año.

Y aquí tenéis las semillas producidas por mi Tetraclinis en el segundo año que da frutos, recolectadas el día 15 de octubre de 2016.  Tras tomarles la foto las he sembrado repartidas en dos macetas en tierra vegetal.
 Espero que nazca alguna de ellas.

Lo que durante el período Messiniense habían sido montañas rodeadas por un desierto salobre se convirtieron en las islas mediterráneas actuales, aisladas de nuevo por el agua marina. Las plantas y animales que vivian en ellas quedaron aislados del resto de poblaciones de su misma especie, como le ocurrió a la conífera Tetraclinis articulata, sobreviviendo hasta nuestros días como reliquias de aquellos convulsos tiempos prehistóricos.

Estróbilos masculinos de Tetraclinis articulata en noviembre. Este árbol es monoico con flores masculinas y femeninas separadas sobre la misma planta.

Flores femeninas de Tetraclinis articulata sobre el mismo ejemplar anterior.

Detalle de una flor femenina de Tetraclinis articulata.

Fotografía combinada con las flores masculinas y femeninas.

Frutos de Tetraclinis articulata a punto de madurar en agosto.

Detalle de los frutos anteriores.

Frutos maduros a mediados de septiembre. Las cuatro escamas del estróbilo se abren para dejar salir las semillas aladas.

Frutos de Tetraclinis articulata con las escamas en forma de reclinatorios romanos.

Diminutas semillas de Tetraclinis articulata en forma de sámara alada, que vuelan como pequeños helicópteros arrastradas por el viento para colonizar nuevos territorios lejos de su madre.

La Sabina mora es muy apreciada en jardinería, aunque todavía sigue siendo una rareza en los jardines particulares. Puede reproducirse por injerto sobre Thuia y Cupressus. Se cultiva con éxito en todos los jardines botánicos del Mediterráneo español. En Murcia se han hecho numerosas repoblaciones para aumentar su área de distribución. Es el árbol nacional de Malta donde recibe el nombre de Sandarac Gum tree en inglés y gharghar en idioma maltés. Su nombre Araar procede del idioma árabe y así se le llama comunmente en el norte de África.

Se han hecho estudios genéticos de los ejemplares murcianos y los resultados se han comparado con el genoma de los árboles norteafricanos, malteses y chipriotas. Sorprendentemente no se han encontrado diferencias significativas. De ello se deduce que la cupresácea Tetraclinis articulata presenta una gran homogeneidad y estabilidad genética, a pesar de llevar sus distintas poblaciones seis largos millones de años separadas.

Mi Tetraclinis murciano fotografiado el día 23 de octubre de 2016. Ya tiene 11 años y 8 meses de edad y está cada vez más alto y más hermoso.


sábado, 15 de septiembre de 2012

Las Cactáceas y sus flores: 2ª parte.

Dos de las características que mejor definen a los cactus son la suculencia de sus tallos que acumulan agua y nutrientes como adaptación al medio extremadamente árido en el que viven y la presencia de espinas protectoras que en la mayoría de especies disuaden a los depredadores herbívoros y en otras se alargan como pelos lanosos y forman un cálido y sedoso abrigo que les protege del sol abrasador durante el dia y del frío intenso típico de los desiertos por la noche, como ocurre con algunos cactus de la Patagonia.

Bellísima flor de Neobuxbaumia polylopha de México (Recomiendo ampliar ésta y las siguientes fotos con un doble click para apreciar mejor los detalles)

Neobuxbaumia polylopha de más de tres metros de altura en el magnífico Jardín botánico de Sóller en Mallorca con una interesante colección de cactus y suculentas de ultramar.

Flor solitaria de Neobuxmania polylopha, fotografiada a mediados de septiembre.

Ápice del largo tallo de la Neobuxbaumia polylopha con numerosos capullos y flores.

En esta imagen se ve una flor ya seca que floreció la noche anterior y un capullo floral que se va a abrir en cuanto se ponga el sol y se secará a media mañana del dia siguiente, lo que nos recuerda que sus polinizadores son nocturnos, con toda probabilidad murciélagos o mariposas nocturnas.

  La planta protege con gran celo sus flores y frutos con numerosas y temibles espinas.

 
La belleza del diseño estructural y cromático de la flor es insuperable.

Cleistocactus jujuyensis, llamado cola de cordero, con sus tallos cubiertos de un sedoso abrigo de espinas lanosas, cuyo hábitat natural es el desierto de la Patagonia argentina. El ejemplar de la imagen forma parte del magnífico jardín botánico de palmeras y suculentas llamado Huerto del Cura situado en la ciudad alicantina de Elche.

 Capullo floral de Opuntia aciculata abriéndose en junio.

Capullo floral de Opuntia amyclaea de un bonito color salmón. Recomiendo leer el artículo que escribí sobre esta chumbera: La corona de espinas de Medina Sidonia .

Con el paso de las horas los pétalos de la Opuntia amyclaea van perdiendo el color salmón y adquieren un intenso color amarillo limón.

Flor de Opuntia bergeriana con unos pétalos de un vivo color rojo. Como se ve al fondo los frutos también son rojos. Forma parte de la magnífica colección de cactus y suculentas del Botanicactus de Ses Salines situado en Mallorca.

Flor de Opuntia engelmannii en septiembre. Este cactus recibe el nombre de chumbera de Texas, de donde es originaria.

Otra flor de Opuntia engelmannii visitada por su insecto polinizador, una pequeña abeja.

Opuntia ficus-indica, también llamada Opuntia maxima, la típica chumbera cuyos frutos son una verdadera golosina.

Flor de Opuntia inamoena del Brasil, fotografiada en mayo en el extraordinario Jardín botánico de la Orotava en Tenerife.

Detalle del sistema reproductor de la flor anterior.

Flores de Opuntia linguiformis iniciando la apertura de sus pétalos a mediados de junio.

Como ocurre en la Opuntia amyclaea, las flores de la Opuntia linguiformis en plena floración adquieren un intenso color amarillo.

Dos capullos de Opuntia monacantha var. albovariegata en distintas fases de la floración.

 Flor de Opuntia monacantha var. albovariegata. Las palas de esta opuntia están manchadas de blanco.

Detalle del sistema reproductor de la flor anterior.

Flor de Opuntia picardoi en junio protegida por espinas temibles.

 Flor de Austrocylindropuntia subulata con numerosas hormigas que en este caso realizan la función de polinizadoras, atraidas por el regalo del dulce néctar del fondo de la flor.

Bellísimos pétalos rosados a contraluz de la flor anterior. Este ejemplar crece asilvestrado junto al Oratorio de Castellitx situado en el centro de Mallorca.

Cylindropuntia tunicata con unas flores muy llamativas sobre un mar de espinas blancas.

Una de las flores anteriores vista de lado con el detalle de las peligrosas espinas de un color blanco inmaculado.

Flor de Trichocereus grandiflorus, sinónimo de Equinopsis huascha, de una belleza exquisita y una vida muy efímera, pues sólo dura 12 horas. Este cactus es originario del noroeste de Argentina (províncias de Catamarca y La Rioja)

Sistema reproductor de la flor anterior con los pétalos de un vivo color rojo sangre y el llamativo pistilo con el estigma ramificado que se cierra una vez la flor ha sido polinizada.,

Flor de otro cultivar de Trichocereus grandiflorus con el caliz cubierto de pelos lanosos y los pétalos de un intenso color rojo escarlata, fotografiado a mediados del mes de septiembre. Pertenece a la colección de cactus y suculentas del Jardín botánico de Sóller.