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domingo, 16 de abril de 2017

BERENJENAS RELLENAS DE SOBRASADA

Un plato económico, muy sencillo de preparar y absolutamente delicioso.


Ingredientes para dos personas:

- 4 berenjenas tiernas.
-  150 gramos de sobrasada.
- 4 tomates medianos.
- 1 cebolla mediana.
- 6 dientes de ajo.
- Aceite de oliva.
- Agua.
- Sal.

 Se trocean los tomates, la cebolla y los ajos y se sofríen a fuego suave dentro de una sartén o una cazuela con aceite de oliva.

  Mientras tanto se hacen dos cortes longitudinales a cada berenjena sin llegar a los extremos y se rellenan con sobrasada mallorquina.

 Cuando el tomate está medio frito, se ponen las berenjenas dentro de la sartén o la cazuela sobre la salsa, se cubren con agua caliente y se dejan cocer a fuego suave hasta que están tiernas.

 Un poco antes de apagar el fuego se prueba la salsa y si ha quedado sosa se rectifica con la sal que haga falta. Se debe tener en cuenta que la sobrasada es bastante salada y en general es suficiente con añadir un pellizco de sal para que esté bien.

Los jugos de la sobrasada con sus especias se infiltran en los tejidos de las berenjenas y las transforman en una delicatessen.

¡¡¡BUEN PROVECHO, AMIGOS!!!


sábado, 15 de abril de 2017

Injerto de Corona de Aguacate de Puerto Rico sobre aguacate borde

En mi jardín tengo un total de nueve aguacates y sólo uno está injertado de la variedad Fuerte. Los demás son bordes nacidos de una semilla y no están injertados. Varios de ellos me dan grandes cosechas de frutos híbridos de buen tamaño y excelente calidad y los demás producen frutos pequeños y escasos, aunque hay uno que los da morados con la piel tan fina y la pulpa tan mantecosa que me los como a mordiscos sin pelar. Otros dos proceden de las semillas de dos grandes frutos de 600 gramos de peso que me trajo un señor ya fallecido que era propietario de una gran finca en la isla caribeña de Puerto Rico. Eran redondeados con la semilla no demasiado grande y muchísima pulpa absolutamente deliciosa. Por las características de los frutos y el porte erecto y piramiadal de los dos árboles deduzco que pertenecen al cultivar Reed de la variedad guatemalteca, Persea americana var. guatemalensis. Ya tienen 12 años y todavía no han dado ningún fruto. Esta primavera será la segunda vez que florecen. Lógicamente son híbridos como todos los aguacates nacidos de semilla, pero confío en que den frutos de buena calidad parecidos a los de su madre portorriqueña.

Desde hace unos 15 años tengo un aguacate borde sin injertar que me regalaron en un vivero. Siempre ha ido enfermizo. Los mejores años me ha dado como mucho media docena de frutos pequeños y de muy mala calidad. Así que ayer me decidí a injertarlo por el sistema de Corona bajo bolsa de plástico con tres púas del aguacate portorriqueño más alto y vigoroso. Como podéis observar a pesar de tener 15 años no supera los dos metros y medio y crece esmirriado con numerosas ramas secas.

Para empezar he cortado toda la copa hasta una altura de unos 120 cms, eliminando todo el ramaje y las cicatrices de antiguas ramas secas.

Superficie del corte bien lisa y sana.

En la parte baja tenía varias ramas que al acabar los injertos recorté sin eliminarlas del todo para dar una salida a la abundante savia primaveral, hasta que las tres púas hayan agarrado y empiecen a brotar. Podría haberlas eliminado pero correría el riesgo de ahogar al árbol con su propia savia.

Éstas son las ramas del aguacatero portorriqueño de madre Reed y padre desconocido.

Con un cuchillo y un mazo hice un corte longitudinal a la corteza hasta llegar a la madera. Luego con la parte posterior del cuchillo de injertar despegué un poco las dos ventanas del corte.

El paso siguiente consistió en preparar una púa para inserirla en el corte de la corteza del patrón. Si os fijáis he recortado las hojas más grandes para que la púa no tenga que alimentarlas y concentre sus jugos en sobrevivir.

El extremo inferior de la púa se corta en bisel hasta la mitad del tallo.

En el otro lado del tallo se corta una lengüeta en forma de boquilla de flauta.

Así debe quedar la púa que se introduce en el corte del patrón con la lengüeta hacia fuera y el corte grande hacia dentro.

De esta manera el corte grande de la púa entra en contacto con el xilema del cambium del patrón, es decir, con las células del cambium que se tranforman hacia dentro en madera, mientras que el pequeño corte de la lengüeta entra en contacto con el floema del cambium, cuyas células crecen hacia fuera dando lugar a la corteza.

Para que lo entendáis la única parte que crece en cualquier árbol es el llamado cambium, que es una finísima capa blanca, tierna y muy jugosa que se encuentra entre la corteza y la madera, formada por células-madre pluripotenciales. Este cambium tiene a su vez dos capas: una interna que crece hacia dentro y forma la madera y una externa que crece hacia fuera y forma la corteza. Así pues, al despegar la corteza del patrón, dejamos a la vista las dos capas del cambium. Estas dos capas enseguida intentarán reparar la herida. La capa interna llamada xilema crecerá hacia fuera y al hacerlo se encontrará con el corte grande de la púa cuyo cambium también crecerá hacia dentro en un desesperado intento de encontrar una fuente de savia que le permita sobrevivir. Las células cambiales del patrón y la púa se encontrarán, se fusionarán forzadas por la atadura que mantiene los dos tejidos en íntimo contacto y se producirá la unión que permitirá suministrar agua y nutrientes a la púa.

A su vez las células-madre de la capa externa del cambium llamada floema, que crece hacia fuera y da lugar a la corteza, también crecerán y al hacerlo se encontrarán con las células cambiales del pequeño corte de la lengüeta de la púa y nuevamente ambos grupos de células-madre se fusionarán y permitirán la circulación de la savia desde las hojas de la púa hacia las raíces del patrón, completándose así el ciclo circulatorio de la savia del nuevo árbol mixto.

Aquí podéis ver la segunda púa ya inserida en el corte.

Las dos púas o ramitas. Falta una tercera para completar el injerto. De esta manera el árbol resultante tendrá una copa equilibrada con tres ramas.

Corte para inserir la tercera púa.

El injerto de Corona completado. Ya sólo falta la atadura.

Las tres púas inseridas a una distancia equidistante. Si todo va bien en unos tres o cuatro años los tejidos de las tres púas cubrirán esta gran superficie lisa y la herida en el patrón desaparecerá.

 
La tercera púa introducida en el corte en ventana del patrón con el corte biselado grande hacia dentro y el corte de la lengüeta hacia fuera.

La finalidad de la atadura no es cubrir todo el corte sino juntar íntimamente los tejidos del patrón y de las púas.

 Seguramente sin hacer nada más los tres injertos agarrarían, pero para asegurar el éxito es mejor ser prudentes y "vendar" bien las heridas.

 Las nuevas tendencias de los expertos aconsejan prescindir de la pasta de injertar y sustituirla por plástico, mucho más barato y limpio, sin bacterias ni hongos y sin sustancias químicas cáusticas o tóxicas para los tejidos del árbol.

 Las plantas tienen mecanismos fisiológicos más que suficientes para curar sus heridas por si mismas. No necesitan ni barro, ni mástic químico de injertar, ni cera de abeja. Un simple film de cocina o una bolsa de plástico cumplen perfectamente con la misión de cubrir y proteger los cortes y evitar su deshidratación y su contaminación con hongos o bacterias que podrían hacer fracasar el injerto.

Hace cincuenta años a mi me gustaban mucho los frutos del jinjolero o azufaifo, pero en la finca de mi abuelo paterno no había ninguno y yo me moría de ganas de tener uno. Mi abuelo, carpintero y campesino, era un gran injertador. Así que un día de mediados de invierno, a finales de los años sesenta del siglo pasado, le insistí tanto en que me hiciera un injerto de azufaifo que al final accedió. No teníamos ningún patrón compatible con el azufaifo que sólo se puede injertar sobre otro azufaifo, pero mi abuelo pensó que tal vez un espino albar, al ser tan espinoso como los azufaifos, serviría como patrón. Nos montamos en el carrito tirado por la burrita Margarita y fuimos a buscar unas púas a un azufaifo que crecía en una finca medio abandonada. Yo estaba rebosante de alegría. Confiaba ciegamente en mi abuelo.

Al llegar a nuestra finca dejamos la burrita atada a un árbol para que pastase a gusto y nos acercamos al espino albar que crecía en el centro de la finca. Mi abuelo le cortó la copa con un serrucho y le injertó dos púas de azufaifo. Tras atar los injertos con una cuerda de esparto, de pronto se acordó de que no habíamos traído agua para hacer barro. Así que para solventar el problema me sugirió que hiciera un pipí sobre la tierra arcillosa recién arada y la amasase para conseguir un poco de barro. Le fui pasando aquella pastita con mis manitas y él fue embadurnando las heridas del injerto hasta cubrirlas por completo. Yo le observaba fascinado. Tras medio siglo recuerdo todos los pasos del injerto con todo lujo de detalles.

Estaba rebosante de alegría. Por fin tendría mi propio azufaifo que me daría muchos frutos para comerlos hasta hartarme. Cada día durante las siguientes semanas fuí a ver mi injerto montado en mi bicicleta. La finca distaba unos dos kilómetos del pueblo. Cuando llegaba me acercaba al injerto lleno de ilusión con la esperanza de ver brotar sus yemas.

Y sí, a pesar de ser incompatibles, el milagro se produjo, tal vez por el inmenso cariño con que yo lo miraba y a los 15 días las yemas de las dos púas de azufaifo brotaron. Los brotes abrieron sus hojas y crecieron hasta unos cinco centímetros, pero de pronto la incompatibilidad se manifestó con toda su furia y un día los brotes se secaron de forma fulminante. Como podéis suponer quedé desolado. No entendía nada.

Ahora lo recuerdo todo con lágrimas en los ojos por la emoción. Ya sé por fin la causa de la repentina muerte de mi ansiado injerto de azufaifo. El sistema inmune del patrón de espino albar reaccionó con violencia contra los tejidos del intruso, sintetizó fito-anticuerpos de rechazo en grandes cantidades y bloqueó el paso de savia hacia las dos púas de azufaifo. Ocurrió lo mismo que pasaría si a cualquiera de nosotros nos trasplantasen la pata de un canguro. Nuestro sistema inmune lo rechazaría de forma violenta y la pata se gangrenaría a los pocos días.

 Las heridas perfectamente vendadas.

 El film de cocina es muy maleable y permite cubrir y cerrar herméticamente la gran herida del corte del patrón.

 Atadura circular de las tres púas para evitar que el viento las arranque hasta su perfecto agarre.

 Detalle de la atadura que no estrangula la circulación de la sabia de las púas, sólo las mantiene en su sitio.

Finalmente recorté un poco las ramillas que crecen en la parte inferior del patrón para dar salida a la savia. Cuando las púas hayan agarrado y sus yemas empiecen a brotar, eliminaré estas ramillas.

¡Deseadme suerte, amigos!


lunes, 10 de abril de 2017

Acodo aéreo de dos brotes del árbol Mundani

Ayer domingo por la mañana fui a pasear con unos amigos por uno de los escasos bosques que circundan la ciudad de Palma de Mallorca que todavía no ha sido cubierto de cemento y asfalto. Tras la caminata respirando aire puro estábamos hambrientos y fuimos a comer a un popular restaurante muy concurrido de la ciudad. Con la tripa llena a rebosar nos dirigimos a realizar la segunda actividad que teníamos programada para el domingo: hacer dos acodos aéreos a un hijo de mi viejo árbol mundani que, como su padre clónico, ha crecido a una velocidad vertiginosa y se ha convertido en un árbol imponente cubierto de flores rojas.

Mis amigos Jaume y Matilde con su perrita Fosca en plena tarea.

Este hijo clónico de mi árbol mundani procede de una rama enraizada en una maceta. En el enlace que he adjuntado más arriba podéis leer su historia. Tras podarle una rama baja brotaron del mismo punto dos vigorosos brotes, con unas características ideales para ser convertidos en nuevos árboles clónicos a través del acodado aéreo. Jaume es un gran experto en arboricultura y jardinería. Tanto a él como a Matilde les hace ilusión tener un árbol mundani en su fantástico jardín de Son Vivot, así que ellos mismos hicieron los dos acodos con la esperanza de que alguno eche raíces.

Tras atar una bolsa de plástico transparente en la base de uno de los brotes Jaume despegó un anillo de corteza con la ayuda de un cuchillo de injertar. Ampliando la imagen con un doble click podréis ver el anillo en detalle.

Luego rodeó el anillo con tierra vegetal humedecida y ató la bolsa por su parte superior, procediendo a continuación a dar unas cuantas vueltas de cuerda alrededor del acodo para compactar la tierra con la intención de que entre en íntimo contacto con el anillo.

Continuó luego con el acodado del otro brote.

Mientras tanto la perrita Fosca no paraba de ladrar nerviosa mirando a su amo, como si temiese que Jaume pudiera caer de la escalera.

El acodador cortando la corteza al segundo brote con el cuchillo de injertar para retirar un anillo de unos 2 centímetros de anchura.

El anillo de corteza ya retirado dejando a la vista el cambium blanco.

Atado de la bolsa en su parte superior para proceder al llenado de la misma, que estaba abierta por uno de los lados.

Tras lo cual procedió a rodearla con varias vueltas de cuerda para compactar la tierra contra el anillo.

Los dos acodos aéreos ya terminados.

A continuación, para humedecer un poco más la tierra vegetal, les inyectó varios jeringazos de agua.

El siguiente paso consistió en rodearlos con papel de aluminio para que el sol no recaliente y cueza los acodos y al mismo tiempo los aisle de la luz para que las raíces, que son heliófugas, puedan desarrollarse en la oscuridad del interior de la bolsa.

Rodeando con papel de aluminio el otro acodo.

Sólo resta atar el papel de aluminio con cuerda o rafia para que el viento o la lluvia no lo arranquen.

Trabajo concluido. Dentro de dos o tres meses con suerte habrán echado raíces y ya podremos separarlos de la planta madre, obteniendo así dos nuevos hijos clónicos idénticos genéticamente a mi gigantesco árbol mundani de treinta años de edad, que sembré de una semilla procedente de Kenia en enero de 1987.


sábado, 1 de abril de 2017

CEBOLLA ROJA CONFITADA A LA MIEL DE AZAHAR CON ALITAS DE POLLO

Una tapa o un segundo plato para chuparse los dedos, sencillo de preparar y muy económico. 

 INGREDIENTES PARA CUATRO PERSONAS

- 4 cebollas rojas
- 12 alitas de pollo
- 1 cucharada sopera de miel
- 1 cucharada de vinagre de manzana
- 1 limón
- aceite de oliva
- pimienta negra
- sal

 Como todas las cebollas, la roja es muy rica en el antioxidante quercetina. Es una sustancia flavonoide a la que se le atribuye un potente efecto anticancerígeno y antienvejecimiento. La cebolla roja, además, debe su color a su riqueza en antociano morado, otro potente antioxidante que suma su efecto benéfico a la quercetina, lo cual convierte a este sencillo bulbo en una bomba de salud. 

 Preparación: Se fríen las alitas en aceite de oliva hasta que están doradas y se reservan. En el mismo aceite se echa la cebolla cortada en juliana y cuando está medio pochada se le añade la cucharada de vinagre de manzana, el zumo del limón, la cucharada de miel y pimienta negra y sal al gusto.

Cuando la cebolla está casi hecha se añaden las alitas previamente fritas, se revuelven varias veces con la cebolla para que cojan el sabor, se apaga el fuego y se deja reposar un par de minutos. 
¡Está delicioso!